domingo, 17 de agosto de 2014
Lost in Space
Me he puesto a observar el cielo oscuro de la noche y como vivo en un pueblo alejado de la mano de Dios tengo la suerte de poder contemplarlo en su totalidad, con la totalidad de sus estrellas y el brillo de la Luna. Mientras lo miraba me puse a pensar en su grandeza, en como podían estar colgando con un hilo larguísimo e invisible la Luna y las estrellas. En lo poco que podemos ver de lo enorme que es el Universo, que nos creemos grandes y somos como un pequeño grano de arena perdido en un gran desierto. ¿Cómo será aquello a lo que llamamos espacio?. Todos ellos "flotando" sobre un fondo negro, moviéndose al compás del tiempo. Es algo que siempre me ha llamado muchísimo la atención, debe ser algo precioso de ver, y sentirse tan pequeño ahí arriba. Aunque me gusta a la vez no puedo evitar sentir algo de terror. Pensar en la explosión de una super nova, o, incluso, en lo poco que duraríamos todos nosotros si se acercara lo suficiente un agujero negro. Seríamos literalmente devorados, aunque no creo que nos diera tiempo ni tan siquiera a enterarnos de ello. Ojalá algún día no muy lejano se puedan hacer visitas, aunque sea, yo que sé, a Marte o a la Luna, pero me gustaría vivir la experiencia de asomarme a la ventana de el transporte que me llevara y ver toda esa oscuridad, las estrellas, el Sol en todo su esplendor, y la libertad que se tiene que sentir allí arriba. Tiene que ser increíble posar los pies sobre otro planeta y respirar hondo escuchando el silencio. Por el momento me conformaré con "detener" el tiempo mientras observo el cielo por la noche.
viernes, 1 de agosto de 2014
Gigantes
En la grandeza de las montañas habitaba uno de los grandes gigantes del mundo. En la profundidad de los océanos vivía el segundo de los grandes gigantes y, dueño de las mesetas y las vastas praderas, el tercer gigante. Las personas que habitaban las pequeñas aldeas y los pueblos conocían de su existencia, pero debido al largo tiempo de letargo que estos tenían ya no les temían. Pensaban que ellos eran realmente los dueños de todo cuanto veían, de todo cuanto podían tocar. Los amos de este mundo eran los tres gigantes juntos, y el tiempo del despertar estaba muy próximo.
Poco a poco la tierra se iba desquebrajando, la marea de los océanos iba aumentando su nivel y los volcanes arrojaban la lava acumulada en su interior.
La gente no se daba cuenta de lo que estaba pasando o simplemente les daba igual. Rezarían por el cuerpo y el alma de los caídos y al día siguiente seguirían con sus quehaceres. Grave error por sus partes, aunque pensándolo bien, ¿qué podrían hacer para defenderse de aquellas catástrofes?
Llego el día. El primero en despertar fue el gran gigante de los océanos, abriendo las aguas provocando enormes tsunamis por todas partes. Haya donde llegara la vista se adentraba el agua arrastrando todo a su paso. Cuando las aguas mojaron las praderas, el amo de la meseta despertó furioso y provocó un enorme terremoto que dividiría la tierra en dos. Al abrirse las tierras el dueño de las montañas fue despertado y con su rabia hizo que los volcanes entraran en erupción y que las montañas se quebraran.
No quedó rastro de vida humana por ningún lugar, todo era un amasijo de tierra mojada y restos de lava fosilizada por todas partes.
Después de soltar toda su energía y su furia volvieron a dormir, por años, millones de ellos, siglos. Pero había un cuarto gigante que, a pesar de todo, siempre velaría por la integridad del planeta dotándole de calor y llenándolo siempre que esto pasaba de vida. Este gigante era el más importante de todos y era conocido por el nombre de Sol.
El universo es demasiado grande para albergar solamente tres gigantes y tan poca vida.
Poco a poco la tierra se iba desquebrajando, la marea de los océanos iba aumentando su nivel y los volcanes arrojaban la lava acumulada en su interior.
La gente no se daba cuenta de lo que estaba pasando o simplemente les daba igual. Rezarían por el cuerpo y el alma de los caídos y al día siguiente seguirían con sus quehaceres. Grave error por sus partes, aunque pensándolo bien, ¿qué podrían hacer para defenderse de aquellas catástrofes?
Llego el día. El primero en despertar fue el gran gigante de los océanos, abriendo las aguas provocando enormes tsunamis por todas partes. Haya donde llegara la vista se adentraba el agua arrastrando todo a su paso. Cuando las aguas mojaron las praderas, el amo de la meseta despertó furioso y provocó un enorme terremoto que dividiría la tierra en dos. Al abrirse las tierras el dueño de las montañas fue despertado y con su rabia hizo que los volcanes entraran en erupción y que las montañas se quebraran.
No quedó rastro de vida humana por ningún lugar, todo era un amasijo de tierra mojada y restos de lava fosilizada por todas partes.
Después de soltar toda su energía y su furia volvieron a dormir, por años, millones de ellos, siglos. Pero había un cuarto gigante que, a pesar de todo, siempre velaría por la integridad del planeta dotándole de calor y llenándolo siempre que esto pasaba de vida. Este gigante era el más importante de todos y era conocido por el nombre de Sol.
El universo es demasiado grande para albergar solamente tres gigantes y tan poca vida.
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