lunes, 13 de noviembre de 2017

Fraccion de segundo. Tu.

¿Cuantas veces habré deseado poder detener el tiempo?  En tan poco tiempo tantas que perdí la cuenta hace días. Es un imposible con el que sueño a diario,  pero, aunque no pueda hacerlo, por fracciones de segundo he llegado a experimentar lo mas parecido,  el detener del tiempo en momentos tan memorables que antes de que pasasen ya tenían un hueco en la memoria.  Momentos que guardo con mayor empeño que todo el oro del mundo o cualquier joya única,  que defendería a capa y espada si tuviera que luchar por ellos.  Sentir que no hay nadie a tu alrededor, que las arenas del tiempo se han detenido,  que la calle y el espacio esta bajo tus pies,  siendo tuyo por esos segundos, solos tu y yo. El abrazo que pone al tiempo contra las cuerdas,  que lo acorrala,  que lo para. Ojala pudiera controlar el pasar del tiempo,  hacerlo mio, ser su verdugo, aunque al final firmemos un tratado para ser cómplices.
Quiero dedicarte este texto,  este escrito,  a ti,  que me haces sentir magia a cada minuto,  que con cada abrazo me regalas vida,  que con tu sonrisa me iluminas, responsable de cada abrazo capaz de detener el tiempo y gobernarlo.  Tu,  que desde el primer momento en que nuestros ojos se clavaron entre sí me hiciste sentir una erupción enorme en el corazón,  el brotar de vida en mis pulmones,  el mayor vendaval de emociones jamás experimentado. Que el sol nos salude cada mañana y la noche nos de las buenas noches, que nos arrope. Que la luna sea testigo de que me pierda contando todos y cada uno de los lunares de la constelación de tu cuerpo y las estrellas se mueran de celos. Que mis dedos acaricien cada uno de los centímetros del lienzo de tu piel,  agradeciendo a los astros por tenerte,  por ser mi mayor regalo.  Quiero que seas mi compañera en el camino, que lo hagamos juntos,  que vayamos tejiendo el cielo y construyendo el terreno grano a grano. 

Por la vorágine de sentimientos que me provocas, por hacerme sentir cosas que jamás supe que podían existir,  por devolverme lo que un día daba por perdido.

Por aparecer,  por devolverte aunque sea un mínimo de lo que me das,  aunque sea difícil,  ya que me das la vida.

Por las risas,  por la felicidad que nos provocamos,  luchare porque no dejes de sonreír,  que me siga iluminando.

Por el nudo en la garganta,  por los nervios,  por las casualidades,  por el hilo rojo.

Por llevar toda la vida buscándote,  preguntándo donde estarías,  y que por fin aparecieras.

De una manera o de otra quiero agradecerte todo lo que haces por mi,  todo lo que me das,  todos los sentimientos que siento gracias a ti, por descubrirme mundos nuevos,  por hacerme volar.

Podría pasar horas escribiendo a corazón abierto,  como cuando te miro a los ojos y el tiempo,  una vez mas, se detiene.

Acabaré diciendo algo que seguramente ya sepas,  que te quiero,  que te adoro,  que mis manos necesitan el calor de las tuyas,  que nuestras almas se junten en una,  que sintamos fuego por dentro cuando nos miremos,  que necesito de ti cada día,  que este tonto te echa de menos.

Con todo lo dicho me quedo corto,  pero espero poder demostrártelo cada día de mi existencia.

Te quiero.

Gracias por ser el faro que me da luz.