Solemos llenar nuestra cabeza con pensamientos positivos y alentadores porque a pesar de todo sabemos que tenemos que ahogar de alguna manera lo negativo. O aprender a vivir con ello. Como reírse de prácticamente cualquier cosa aunque por dentro la tristeza te inunde. A veces es bonito convivir con la oscuridad de nuestros pensamientos, es algo que se aprende con el paso del tiempo y el devenir de los días.
Decir adiós es una de las cosas que menos nos gusta, y en muchas ocasiones para conocer cosas nuevas es necesario despedirse. Son polos opuestos, las dos caras de la misma moneda, extremos tan distintos y a la vez tan parecidos.
Dicen que de fallos se aprende, pero no siempre es así, porque de alguna manera nos cuesta desprendernos de lo que solemos hacer y somos, y aunque sepamos que son fallos en la mayoría de ocasiones lo único que hacemos es camuflarlos por un tiempo mayor o menor, pero esconderlos al fin y al cabo.
Esperaré mi momento acariciando con los labios el suave filtro de un cigarro. Aunque no sé muy bien si ese momento es bueno o malo, si es negativo o positivo, pero le esperaré y con la mayor de las fuerzas le abrazaré, porque a pesar de todo ese momento es de mi pertenencia.