domingo, 13 de julio de 2014
Alma Perdida
La noche se dejaba caer, las estrellas inundaban el cielo y la luna, más grande que de costumbre, iluminaba la escena del crimen. El mar estaba en calma y soplaba una agradable brisa. Todo apuntaría que era una noche de lo más normal, una noche más en la costa, si no fuera porque sobre la arena yacía un cuerpo muerto. De su cabeza brotaba un reguero de sangre, provocando un enorme charco alrededor. Por el color de la piel supuse que no llevaba mucho tiempo en ese estado. Más raro aún que ver un cuerpo muerto sobre la arena de una playa era la manera en la que yo lo veía. En mi cabeza sentía que algo no iba bien y sentía en la nuca una brisa inusual que jamás antes había sentido. Sentía como si mi cuerpo levitase en la nada, como si no tuviera peso, como si no tuviera cuerpo. Todo estaba tan vacío que pensaba que estaba en un sueño. No tocaba, no sentía y, lo que más me preocupaba en aquel momento, no respiraba. Toda mi vida pasó por delante de mis ojos, como si de un proyector se tratase. No puedo ocultar el miedo que tenía y el agobio que aquella situación me provocaba. Era como si estuviera en el mundo sin estar, como si quisiera salir de algun sitio en el que me sentía encerrado pero por mucho que lo intentara no pudiera salir. Me pregunté mas de mil veces qué podía hacer yo. ¿Cómo podía avisar a alguien de aquel suceso si no podía artícular palabara?. Después de darle muchas vueltas a la cabeza y de asumir la situación lo hice. Me acerqué. Maldigo el momento en el que lo hice, aunque a la vez doy gracias por ello, . No le deseo a nadie, jamás, que viva esta sensación, esta experiencia. De ahora en adelante, no sé durante cuanto tiempo, sería un alma errante viajando a no se sabe donde, porque el cuerpo desangrado por un agujero de bala que yacía tendido sobre la arena era lo que hasta hace unos minutos podía llamar mío.
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