sábado, 28 de junio de 2014
Fantasmas del pasado
Serían aproximadamente las 2:30 de la mañana, o, para algunos, de la noche. Me encontraba tirado en la playa, mirando al cielo observando las estrellas. A veces bajaba la mirada para contemplar el vasto e infinito horizonte. Es curioso que aunque nosotros solo veamos un límite sabemos que más allá de esa línea imaginaria hay más agua, más tierra. Uno se para a pensar en esta situación en prácticamente todo, desde el nacimiento de la vida en nuestro planeta hasta pensar en como sería el final de este, sabiendo que hay miles de posibilidades y desconociendo si algún día llegaremos a verlo. También me quedé perplejo durante unos minutos mirando el mover de las olas, pensando en la lógica que creaba ese movimiento en las masas de agua. Este planeta y su naturaleza son tan increíbles que a veces uno solo puede pararse a disfrutar sin hacerse ninguna pregunta. El caso es que estando sentado en la playa mirando al infinito vi pasarse una sombra delante de mis ojos. Esa sombra, por lo que pude percibir, iba corriendo escapando de otra sombra. Eran las sombras de dos niños de unos siete u ocho años de edad que por lo que pude ver estaban jugando. Me dio un vuelco el corazón y el pulso se me aceleró. No era una sensación de miedo ni de misterio, era más bien como si eso ya lo hubiera vivido. Algo en aquella escena me recordaba demasiado a algo. Giré la cabeza hacia la izquierda, y, allí, sentados sobre un par de toallas estaban otras tres sombras. Una era de una niña de unos diez años, y las otras dos rondarían los treinta y cinco aproximadamente. Todos ellos llevaban ropas típicas de una tarde de verano y portaban con ellos los típicos utensilios y juguetes que en su mayoría de veces lleva una familia a la playa. Se les veía muy felices, la verdad. Yo sabía que no eran reales, pero tampoco era algo que no hubiera existido. Eran mi pasado. Aquella pareja eran mis padres, la niña era mi hermana, el niño que perseguía al otro era mi hermano, y, bueno, el que escapaba era yo. Una pequeña sonrisa se esbozó en mi cara, como una pequeña muesca de felicidad. Esas visiones solo hicieron que recordara los buenos tiempos de mi vida, lo feliz que era yo cuando era tan solo un pequeño niño sin más meta en la vida que pasarlo bien día si y día también. Era genial sentirse querido por tu familia, jugar a todas horas con tus hermanos y no preocuparse por prácticamente nada. No puedo decir que mi vida sea mala, para nada, pero, ¿a quién no le gustaría volver a ser niño aunque fuera por una vez?. Supongo que no se trata de volver a ser niño otra vez, sino de conservar aunque sea un mínimo a ese pequeño ser que una vez fuimos. Las personas adultas la mayoría de veces hablamos de las demás porque han hecho alguna "chiquillada". No lo entiendo, no creo que hacer eso siendo adulto sea algo malo, diría que es algo bueno. Yo no quiero perder jamás ese espíritu por mucho que tenga que cambiar algunos aspectos de la vida. ¡Ay, la noche y la playa! No sé como llegué aquí pero algo quería que tuviera esas visiones en esta noche de reflexión. Supongo que después del paso del tiempo solo nos quedan los recuerdos del pasado, un pasado que quizás fue mejor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario